Fútbol, música, moda y dignidad: cuando brillar lo es todo by Al Sobrino

Viernes. 23, Oct. 2021. Al Sobrino

Siempre que se habla de deporte y música como géneros interconectados, tendemos a pensar en la relación intrínseca entre el basket y el rap. Pero hay posiblemente otra relación tan o más simbiótica: la que tiene lugar entre el fútbol, la moda y la música, como herramientas de libertad.
Dominado por grandes ligas a nivel mundial, el fútbol tiene sus raíces en las calles. Ya sea Adriano creciendo (y volviendo a) en la favela, o futbolistas argentinos villeros, como el Kun Agüero, los relatos futbolísticos están marcados siempre por la búsqueda de una gloria que simboliza, en esencia, una vida mejor para uno mismo y para las familias, tanto la actual como la que vendrá.

El fútbol es un elemento de desarrollo y oportunidades y, sobre todo, de dignidad. En la cancha, especialmente si hablamos de fútbol callejero, manda quien marca más goles y da igual la clase social de la que provengas.
La música y el rap, especialmente en Estados Unidos y otras plazas como Reino Unido (aquí más dominado por otros géneros como el grime) o Francia ha sido también el camino más rápido para pasarse el game cuando las condiciones en las que se comienza la partida son, como poco, desfavorables. Y es que tanto en la banlieue como en los projects, lograr una vida digna pasa por el axioma ball, bars o bricks.

¿Qué papel juega aquí la moda? Una de las primeras cosas que otorga el dinero es la posibilidad de vestir mejor (además de muchas otras atenciones). Eso supuso que, por poner un ejemplo, nombres como Walter «Clyde» Frazier Jr además de estrellas del balón (baloncesto, en este caso) fueran auténticos iconos de la moda en el Nueva York de los 70. De ahí que su promodel con Puma, las homónimas Clyde, fuesen un fenómeno en la ciudad de los cinco boroughsEsto también tiene su reflejo en las gradas y especialmente en el caso del fútbol. Los fanáticos de los equipos, en muchas ocasiones chavales en situaciones de exclusión social, encontraban en la liturgia de acudir al estadio a animar a su equipo los fines de semana una solución a sus problemas diarios. Como parte de un grupo homogéneo conseguían sentirse libres, por paradójico que suene. Esa identificación tribal también iba ligada a la uniformidad estilística. Y los viajes de fin de semana siguiendo a su equipo suponían una oportunidad de abrirse a un nuevo mundo de referencias textiles, así como chances de hurto, para volver el domingo a sus hogares cargados con botines.

Esto generó un círculo vicioso mediante el cual desde las terrace las marcas que lucían los hooligans pasaban al imaginario popular y se convertían, aún más, en codiciados objetos de deseo. Simplificándolo mucho, nombres como Stone Island, Aquascutum, adidas, Burberry, Sergio Tacchini, Lacoste, Fila o Ellesse evolucionaron hasta ganarse su espacio en la moda urbana y, con eso, también infectaron las escenas musicales, hasta el punto actual en el que en el mismo titular pueden convivir Drake y Supreme con la ya mencionada Stone Island y a nadie le parece extraño.

Aunque la historia es más compleja, lo que queda claro es que hoy en día fútbol, música y moda juegan en la misma liga. Y todo ello cobra la mayor relevancia en el Street Football. Y hablar de Street Football es hacerlo de Hot Spot.